Escuela Compartiendo Vida

Porque tu vida sí merece la Alegría 

La Escuela Compartiendo Vida estimula tu impulso vital que SIEMPRE se abre paso por difíciles que sean las circunstancias.

Cursos presenciales o live online

Coaching femenino

NUEVO!! COMPARTIENDO ALIMENTACIÓN Y VIDA SANA 

Las cinco heridas del alma

Las heridas de la infancia son como lesiones psíquicas, fragmentos sueltos y mal curados que nos impiden llevar una existencia plena.

Estas heridas vaticinan cómo será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos. 

Esto no quiere decir que no puedas hacer nada, de hecho ¡Puedes hacer mucho!

Compartiendo Vida Sana

Alimentos ecológicos o elaborados: mermelada, hammara, humus de berenjena, naranjas y mangos ecológicos… Come sano, como local y VIVE!!

 Si vives en la provincia de Málaga puedo cocinar para ti. Para un día especial que tengas invitados o porque no tienes tiempo y quieres tener en tu nevera unos tupper con comida rica y sana para consumir durante la semana.

 

TESTIMONIOS

 

Enhorabuena a todas las personas con coraje para buscar el sentido libre de Ser, con valentía para hacerse preguntas, con rebeldía para cuestionar lo establecido, con palabras para nombrarse, con confianza para partir de sí. Gracias por compartir vuestro camino con el mío e inspirarme tanto. 

“Leonor es una mujer que me recuerda a una duendecilla alegre y saltarina. Está llena de amor incondicional, tiene el don de la palabra exacta que necesito escuchar en cada momento. Es abundante, una abundancia generosa que se siente feliz al dar y que se retroalimenta con su entrega. A su lado me siento segura; su incondicionalidad y su respeto hacia mi ser siempre logra que me reconcilie de nuevo con la vida”. Laura.

“Las sesiones de coaching femenino son para mí una liberación emocional. Tantas veces comercié con mi cuerpo canjeando sexo por afecto que llegué a desconectarme de qué es lo que realmente deseaba. Hoy cuando deseo sexo, busco sexo y lo cambio por sexo. Cuando lo que necesito es afecto y contención no lo canjeo por nada. Si de manera natural en mi vida cotidiana sucede pues fantástico, y si no sucede pues me regalo una sesión de acompañamiento afectivo donde me siento segura y recibo justo lo que necesito.” Isabel.

“A mi edad recibo pocos abrazos, nunca recibí muchos la verdad, pero ahora que vivo sola pasan los días y a veces ni si quiera hablo con nadie en todo el día. Vi un cartel en el hogar del pensionista y fui a ver de qué iba eso de Compartiendo Vida. No sé qué es lo que me pasa en sus talleres, pero en cuanto entro en la sesión me siento mucho mejor y hasta deja de dolerme la cadera.” Manoli.

“Era muy reacia a ir a un curso de crecimiento personal, pero en mi cumpleaños una amiga me sorprendió con un vale-regalo y probé. ¡Fue una pasada! Al principio me sentía muy cohibida pero al entrar en la casita de campo dejé atrás los prejuicios y me dije si no es aquí dónde, si no es ahora cuándo… y simplemente me dejé llevar. Respiramos, paseamos por el campo, hablamos, comimos rico, pintamos y terminé riendo, llorando y todo a la vez, pero sobre todo reconecté con mi niña interior de nuevo. El fin de semana pasó volando. Gracias Ana, el mejor regalo de mi vida.” M. Jesús.

“A veces siento que mi piel tiene hambre y pide a gritos caricias igual que hace mi estómago cuando quiere comida. A veces me doy un masaje y acallo un poco la necesidad de contacto y otras reconozco que salgo a ver si ligo. Desde pequeña me invade una sensación misteriosa de ansiedad que no atiende a nada que yo comprenda. Creo que es mi cuerpo pidiendo auxilio. No tengo pareja ni hijos y con mis padres simplemente no surgen los abrazos. Mi psicólogo me habló de los talleres de Leonor y un día probé. La primera vez solo fui capaz de escuchar sin interactuar con nadie, no deseaba ningún tipo vínculo, no soportaba la inmensa soledad que sentía. Volví a la semana siguiente y simplemente respiramos juntas tomadas de las manos, solo este ligero contacto me transportó a otra dimensión, no podía creer que me pudiera sentir tan bien tan solo teniendo a alguien a mi lado custodiando mi respiración. En las siguientes sesiones me fui relajando, Leonor fue entrando en mi soledad, en mis miedos, en mis memorias de dolor y ahora aunque solo la veo cada dos o tres semanas hay un vínculo especial entre nosotras. He comenzado a crear vínculos afectivos en mi vida, pasito a pasito sin pausa… como dice ella.” Almudena.