Encuentro apasionante la maravillosa perfección de la biología. Puedo enfrascarme horas y horas entre sistemas límbicos, amígdalas o neuronas perdiendo la noción del tiempo. Es importante, que al menos de manera superficial, los educadores conozcamos cómo estamos organizados biológicamente, porque de esta perfecta sinfonía se obtiene mucha información para comprender la urgencia vital de una educación biocéntrica que facilite el aprendizaje, no solo de conocimientos, sino del arte de Vivir.

daniel goleman oscar seguradoEntre mis autores favoritos están Josep LeDoux, Óscar Segurado, Bruce Lipton, Antonio Damasio y Daniel Goleman. A continuación expongo algunas de sus ideas más interesantes.

Daniel Goleman nos recuerda que alrededor del tallo encefálico, la región más primitiva de nuestro cerebro que regula las funciones básicas como la respiración o el metabolismo, se fue configurando el sistema límbico, que aporta las emociones al repertorio de respuestas cerebrales. Gracias a éste, nuestros primeros ancestros pudieron ir ajustando sus acciones para adaptarse a las exigencias de un entorno cambiante. Así, fueron desarrollando la capacidad de identificar los peligros, temerlos y evitarlos. La evolución del sistema límbico estuvo, por tanto, aparejada al desarrollo de dos potentes herramientas: la memoria y el aprendizaje.

En esta región cerebral se ubica la amígdala y en ella se depositan nuestros recuerdos emocionales.  Goleman habla del “Secuestro de la amígdala” cuando las respuestas emocionales de una personas son inmediatas,  abrumadoras, y desmedidas en relación con el estímulo real. Es decir cuando una emoción se apodera de nosotros sin permitirnos reaccionar de una forma lógica o racional.

Sobre esta base cerebral en la que se asientan las emociones, fue creándose hace unos cien millones de años el neocórtex: la región cerebral que nos diferencia de todas las demás especies y en la que reposa todo lo característicamente humano. El pensamiento, la reflexión sobre los sentimientos, la comprensión de símbolos, el arte, la cultura y la civilización encuentran su origen en este esponjoso reducto de tejidos neuronales. Al ofrecernos la posibilidad de planificar a largo plazo y desarrollar otras estrategias mentales afines, las complejas estructuras del neocórtex nos permitieron sobrevivir como especie.

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En resumen, nuestro cerebro pensante creció y se desarrolló a partir de la región emocional, que su vez se había desarrollado a partir del el tallo cerebral. Los tres cerebros siguen estando estrechamente vinculados por miles de circuitos neuronales.

Además existen evidencias científicas que indican que el sistema nervioso no se desarrolla en aislamiento. La estimulación que proviene del entorno es indispensable para la formación adecuada de la arquitectura cerebral. Por lo tanto la actividad de las neuronas es una actividad influenciada por factores educacionales, sociales, nutricionales y ambientales.

La creación del neocórtex produjo un sinnúmero de combinaciones insospechadas y de gran sofisticación en el plano emocional, pues su interacción con el sistema límbico nos permitió ampliar nuestro abanico de reacciones ante los estímulos emocionales. Así por ejemplo, ante una sensación de miedo, que lleva a los demás animales a paralizarse, huir o defenderse, los seres humanos podemos optar por buscar ayuda, asistir a una sesión de Biodanza o anestesiarnos con la televisión. El neocórtex posibilita en nosotros la capacidad de tener sentimientos sobre nuestros sentimientos, inducir emociones o inhibir las pasiones.

¿Y cómo se organiza todo esto?

El neocórtex registra y analiza la situación, acude a los lóbulos prefrontales para comprender y organizar los estímulos con el objetivo de ofrecer una respuesta analítica y proporcionada, enviando luego las señales al sistema límbico para que produzca e irradie las respuestas hormonales al resto del cuerpo.

El atajo…

Aunque esta es la forma en la que funciona nuestro cerebro la mayor parte del tiempo, Joseph LeDoux -en su apasionante estudio sobre la emoción- descubrió que, junto a la larga vía neuronal que va al córtex, existe una pequeña estructura neuronal que comunica directamente el tálamo con la amígdala. Esta vía secundaria y más corta permite que la amígdala reciba algunas señales directamente de los sentidos y dispare una secreción hormonal que determina nuestro comportamiento, antes de que esas señales hayan sido registradas por el neocórtex.

Pilar Peña, didacta de Biodanza y doctora en bioquímica y biología molecular, lo explica así: Todos nuestros recuerdos negativos de los primeros años de vida, quedan grabados a fuego en nuestra amígdala, y se convierten en respuestas automáticas e involuntarias ante pequeños estímulos que relaciona con estas experiencias grabadas. Como la corteza pensante tiene una respuesta más lenta que la amígdala, porque tarda más tiempo en evaluar la situación real, muchas veces la amígdala dispara la respuesta adrenérgica de lucha o fuga ante situaciones no justificadas.

Encontrar el equilibrio entre estos dos centros, el instintivo y el racional, es lo que garantiza una respuesta emocional saludable.

El problema que esto puede y suele suscitar consiste en que la amígdala ofrece respuestas inmediatas que no tienen en cuenta la situación en toda su complejidad, sino que se limitan a asociarla con los recuerdos emocionales que guarda almacenados para proveer así la repuesta que considere adecuada. Si bien esto podría ser determinante para la supervivencia de nuestros ancestros en situaciones en las que unas milésimas de segundos significaban la diferencia entre vida o muerte, en el sofisticado mundo social de hoy en día puede resultar desproporcionado y hasta catastrófico.

Cualquier emoción grabada y por tanto aprehendida también puede desaprenderse a través de experiencias vivenciales que borren las respuestas automáticas. Como el aprendizaje fue inconsciente y vivencial, la Biodanza propone un viaje vivencial al inconsciente para desprogramarla y transformarla.

“Los ejercicios de biodanza están destinados a deflagrar vivencias. La inducción frecuente de determinados tipos de vivencias, reorganizan las respuestas ante la vida. La acción reguladora de los ejercicios no se ejerce sobre el cortex cerebral, mas sí sobre la región límbico- hipotalámica, centro regulador de las emociones”  Rolando Toro.